El Libro de los Secretos (Osho) CAPITULO X


Capítulo 10 
Autorrealización: La Necesidad Básica 
Pregunta 1 ¿Es la autorrealización una necesidad básica del hombre? 
Primero, trata de comprender lo que se entiende por autorrealización. 
A. H. Maslow ha utilizado este término: «autorrealización». 
El hombre nace como potencialidad. 
No está realmente realizado: es sólo potencial. 


El hombre nace como una posibilidad, no como una realidad. Puede que llegue a ser algo; puede que logre la realización de su potencialidad o puede que no la logre. 
Puede que la oportunidad sea usada o puede que no lo sea. 
Y la naturaleza no te está obligando a realizarte. 
Eres libre. 
Puedes elegir realizarte; puedes elegir no hacer nada al respecto. El hombre nace como una semilla. De modo que ningún hombre nace realizado; tan sólo con la posibilidad de la realización. 
Si fuera así – y es así -, entonces la autorrealización se convertiría en una necesidad básica. 
Porque a menos que estés realizado, a menos que te vuelvas lo que puedes ser o lo que se supone que vas a ser, a no ser que se realice tu destino, a no ser que llegues realmente, a no ser que la semilla se convierta en un árbol realizado, sentirás que te falta algo. Y todo el mundo siente que le falta algo. 
Esa sensación de que falta algo se debe en realidad a esto, a que aún no estás realizado. 
No es realmente que te falten riquezas o posición, prestigio o poder. Incluso si consigues lo que requieres -riquezas, poder, prestigio, cualquier cosa-, sentirás esta sensación constante de que falta algo dentro de ti, porque este algo que falta no está relacionado con nada externo. 
Está relacionado con tu crecimiento interno. 
A menos que te completes, a menos que llegues a una realización, un florecimiento, a menos que alcances una satisfacción interna en la que sientas: «Esto es lo que estaba destinado a ser», sentirás esta sensación de que falta algo. 
Y no puedes destruir esta sensación de que falta algo de ninguna otra manera. De modo que la autorrealización indica que una persona ha llegado a ser lo que tenía que llegar a ser. 
Había nacido como una semilla y ahora ha florecido. 
Ha alcanzado el crecimiento completo, un crecimiento interno, el fin interno. 
En el momento en que sientas que todas tus potencialidades se han realizado, sentirás la cima de la vida, del amor, de la existencia misma. 
Abraham Maslow, que ha usado este término, «autorrealización», ha acuñado también otro término: «experiencia cumbre». Cuando uno llega a uno mismo, alcanza una cumbre: una cumbre de dicha. 
Entonces no hay ningún anhelo de ninguna otra cosa. 
Está totalmente contento consigo mismo. 
Ahora no falta nada; no hay ningún deseo, ninguna exigencia, ningún movimiento. Sea lo que sea, está totalmente contento consigo mismo. 
La autorrealización se vuelve una experiencia cumbre, y sólo una persona autorrealizada puede alcanzar experiencias cumbres. Entonces todo lo que toca, todo lo que hace o no hace -incluso simplemente existir- es una experiencia cumbre para él; simplemente ser, es dichoso. 
Entonces la dicha no tiene que ver con nada externo; es simplemente un resultado del crecimiento interno. 
Un buda es una persona autorrealizada. 
Es por eso por lo que representamos a Buda, Mahavira y otros -por lo que hemos hecho estatuas, imágenes, figuras de ellos- sentados sobre un loto completamente florecido. 
Ese loto totalmente florecido es la cumbre del florecimiento interno. Han florecido dentro y se han vuelto completamente florecidos. 
Ese florecimiento interno confiere un resplandor, una continua emisión de dicha que sale de ellos. 
Todos los que se aproximan incluso a su sombra, todos los que se acercan a ellos sienten una atmósfera de silencio en torno a ellos. Hay una interesante historia sobre Mahavira. 
Es un mito, pero los mitos son bellos y dicen muchas cosas que no se pueden decir de otra manera. 
Se cuenta que cuando Mahavira se desplazaba, en torno suyo, en un área de unos cincuenta kilómetros a la redonda, todas las flores florecían. 
Incluso si no era la estación de las flores, florecían. 
Esto es simplemente una expresión poética, pero incluso si uno no estaba autorrealizado, si uno entraba en contacto con Mahavira, su florecimiemo se volvía contagioso, y uno sentía también un florecimiento interno en uno mismo. 
Incluso si no era la estación apropiada para una persona, incluso si no estaba preparada, lo reflejaría, sentiría un eco. 
Si Mahavira estaba cerca de alguien, esa persona sentía un eco dentro de sí, y tenía un vislumbre de lo que podía ser. 
La autorrealización es la necesidad básica. 
Y cuando digo básica, quiero decir que si todas tus necesidades quedan satisfechas, todas excepto la autorrealización, te sentirás insatisfecho. 
De hecho, si la autorrealización sucede y no se satisface nada más, sentirás no obstante una satisfacción profunda, total. 
Es por eso por lo que Buda era un mendigo y, sin embargo, un emperador. Buda vino a Kashi* cuando se iluminó. 
El rey de Kashi fue a verlo y le preguntó: «No veo que tengas nada, eres sólo un mendigo, y, sin embargo, siento que yo soy un mendigo comparado contigo. No tienes nada, pero tu manera de andar, tu manera de mirar, tu manera de reír, hace parecer que el mundo entero es tu reino. Y no tienes nada visible; ¡nada! Así que ¿dónde está el secreto de tu poder? Pareces un emperador.» En realidad, ningún emperador ha tenido nunca ese aspecto: como si el mundo entero le perteneciera. «Tú eres el rey, pero ¿dónde está tu poder, la fuente?» 
Así que Buda dijo: «Está en mí. Mi poder, mi fuente de poder, lo que sientes en torno a mí, está en realidad dentro de mí. 
No tengo nada excepto a mí mismo, pero es suficiente. 
Estoy realizado; ya no deseo nada. Me he vuelto sin deseos.» Verdaderamente, una persona autorrealizada se volverá sin deseos. Recuerda esto. 
Normalmente decimos que si te vuelves sin deseos te conocerás a ti mismo. Lo contrario es más cierto: si te conoces a ti mismo, te volverás sin deseos. 
Y el énfasis del tantra no recae en no tener deseos, sino en autorrealizarse. Entonces la ausencia de deseos le sigue. 
Deseo significa que no estás satisfecho por dentro, que te falta algo, así es que lo anhelas. Sigues y sigues, de un deseo a otro, buscando la plenitud. 
Esa búsqueda no acaba nunca, porque un deseo crea otro deseo. En realidad, un deseo crea diez deseos. Si vas en busca de un estado de dicha a través de los deseos, nunca lo alcanzarás. 
Pero si pruebas otra cosa – métodos de autorrealización, métodos para realizar tu potencialidad interna, de hacerla realidad-, entonces, cuanto más te realices, menos y menos deseos sentirás, porque en realidad sólo los sientes debido a que estás vacío por dentro.* Kashi: otro de los nombres de la ciudad india de Benares. 
(N. del T) 
Cuando no estás vacío por dentro, los deseos cesan. ¿Qué hacer con respecto a la autorrealización? Hay que comprender dos cosas. 
Una: autorrealización no significa que si llegas a ser un gran pintor o un gran músico o un gran poeta estarás autorrealizado. Por supuesto, una parte de ti estará realizada, e incluso eso proporciona una gran satisfacción. 
Si tienes una potencialidad de ser un buen músico y la realizas y te haces músico, una parte de ti estará realizada, pero no la totalidad. 
El resto de humanidad que hay dentro de ti permanecerá sin realizar. Estarás desequilibrado. 
Una parte habrá crecido, y el resto se habrá quedado como una piedra que cuelga de tu cuello. Observa a un poeta. Cuando está en su disposición poética parece un buda. 
Se olvida completamente de sí mismo: es como si el hombre corriente que hay en el poeta ya no existiera. 
De modo que cuando un poeta está en su disposición, tiene una cumbre: una cumbre parcial. 
Y a veces los poetas tienen vislumbres que sólo son posibles con mentes iluminadas, como de buda. 
Un poeta puede hablar como un buda. 
Por ejemplo, Kahlil Gibran habla como un buda, pero no es un buda. Es un poeta, un gran poeta. 
De modo que si ves a Kahlil Gibran a través de su poesía, parece Buda, Cristo o Krishna. 
Pero si vas y conoces al hombre Kahlil Gibran, es simple-mente corriente. Habla tan hermosamente del amor… Incluso un buda puede que no hable tan hermosamente. Pero un buda conoce el amor con su ser total. Kahlil Gibran conoce el amor en su vuelo poético. Cuando está en su vuelo poético, tiene vislumbres del amor, bellos vislumbres. 
Los expresa con excepcional discernimiento. Pero si vas a ver al Kahlil Gibran auténtico, al hombre, percibirás la dicotomía. 
El poeta y el hombre están muy distanciados. 
El poeta parece ser algo que le sucede a este hombre a veces, pero este hombre no es el poeta. Por eso los poetas sienten que cuando están creando poesía, otra persona está creando; no son ellos los que están creando. Sienten que se han vuelto instrumentos de alguna otra energía, alguna otra fuerza. Ellos ya no están. 
Esta sensación se da porque, en realidad, su totalidad no está realizada: sólo una parte de ella lo está, un fragmento. 
No has tocado el cielo. Sólo uno de tus dedos ha tocado el cielo, y tú sigues arraigado en la tierra. 
A veces saltas, y por un momento no estás en la tierra; has engañado a la gravedad. 
Pero en el momento siguiente estás otra vez en la tierra. 
Cuando un poeta se siente colmado, tendrá vislumbres, vislumbres parciales. 
Cuando un músico se siente colmado, tendrá vislumbres parciales. Se dice de Beethoven que cuando estaba en el estrado era un hombre diferente, totalmente diferente. 
Goethe ha dicho que cuando Beethoven estaba en el estrado dirigiendo a su grupo; a su orquesta, parecía un dios. 
No podía decirse que fuera un hombre corriente. 
No era un hombre en modo alguno; era sobrehumano. 
Su aspecto, la manera en que levantaba las manos, todo era sobrehumano. 
Pero cuando bajaba del estrado era un hombre corriente. 
El hombre que había en el estrado parecía estar poseído por alguna otra cosa, como si Beethoven ya no estuviera allí y alguna otra fuerza hubiera entrado en él. 
Fuera del estrado era otra vez Beethoven, el hombre. 
Debido a esto, los poetas, los músicos, los grandes artistas, las personas creativas están más tensas: porque tienen dos tipos de ser. 
El hombre corriente no está tan tenso porque siempre vive en uno: vive sobre la tierra. Pero los poetas, los músicos, los grandes artistas, saltan; van más allá de la gravedad. 
En determinados momentos no están sobre esta tierra, no forman parte de la humanidad. Se vuelven parte del mundo del buda: el territorio de los budas. Luego vuelven aquí otra vez. 
Tienen dos puntos de existencia; sus personalidades están divididas. Así es que todo artista creativo, todo gran artista está loco en cierta manera. ¡La tensión es tan grande! La falla, la grieta entre estos dos tipos de existencias es tan grande…, insalvablemente grande. 
A veces es sólo un hombre corriente; a veces se vuelve como un buda. Entre estos dos puntos está dividido, pero tiene vislumbres. Cuando digo autorrealización, no quiero decir que deberías convertirte en un gran poeta o que deberías convertirte en un gran músico. Quiero decir que deberías convertirte en un hombre total. No digo un gran hombre, porque un gran hombre siempre es parcial. La grandeza en cualquier cosa siempre es parcial. 
Uno se mueve más y más en una dirección, y en todas las demás dimensiones, todas las demás direcciones, uno sigue siendo el mismo: uno se vuelve desequilibrado. 
Cuando digo que te vuelvas un hombre total, no quiero decir que te conviertas en un gran hombre. 
Quiero decir que crees un equilibrio, que estés centrado, que estés realizado como hombre; no como músico, no como poeta, no como artista, sino realizado como hombre.
 ¿Qué significa estar realizado como hombre? 
Un gran poeta es un gran poeta debido a la gran poesía. 
Un gran músico es grande debido a la gran música. 
Un gran hombre es un gran hombre debido a ciertas cosas que ha hecho: puede que sea un gran héroe. 
Un gran hombre en cualquier dirección es parcial. 
La grandeza es parcial, fragmentaria. 
Es por eso por lo que los grandes hombres tienen que afrontar más angustia que los hombres corrientes. ¿Qué es un hombre total? ¿Qué quiere decir ser un hombre completo, un hombre total? 
Significa, en primer lugar, que estés centrado; no existas sin un centro. En este momento eres algo; en el momento siguiente eres otra cosa. La gente viene a mí y generalmente yo les pregunto: «¿Dónde sientes tu centro: en el corazón, en la mente, en el ombligo, dónde? ¿En el centro sexual? ¿Dónde? ¿Dónde sientes tu centro?» Generalmente dicen: «A veces lo siento en la cabeza, a veces en el corazón, a veces no lo siento en absoluto.» 
Así que les digo que cierren los ojos ante mí y lo sientan ahora mismo. En la mayoría de los casos sucede que dicen: «Ahora mismo, por un momento, siento que estoy centrado en la cabeza.» Pero al momento siguiente no están ahí. Dicen: «Estoy en el corazón.» Y al momento siguiente el centro se ha escabullido, está en alguna otra parte, en el centro sexual o en alguna otra parte. 
En realidad, no estás centrado; sólo estás centrado momentáneamente. 
Cada momento tiene su propio centro, de modo que vas cambiando de posición. Cuando está funcionando la mente, sientes que la mente es el centro. 
Cuando estás enamorado, sientes que es el corazón. 
Cuando no estás haciendo nada en particular, estás confuso: no puedes averiguar dónde está el centro, porque eso sólo lo puedes averiguar cuando estás trabajando, haciendo algo. 
Entonces una parte específica del cuerpo se vuelve el centro. 
Pero tú no estás centrado. 
Si no estás haciendo nada, no puedes encontrar dónde está tu centro de ser. Un hombre total está centrado. 
Al margen de lo que esté haciendo, permanece en el centro. 
Si está funcionando su mente, está pensando; pensar sucede en la cabeza, pero él permanece centrado en el ombligo. 
El centro nunca se pierde. 
Usa la cabeza, pero nunca se va a la cabeza. 
Usa el corazón, pero nunca se va al corazón. 
Todas estas cosas se convierten en instrumentos, y él permanece centrado. 
En segundo lugar, está equilibrado. 
Por supuesto, cuando uno está centrado, uno está equilibrado. 
Su vida es un profundo equilibrio. 
Nunca es unilateral, nunca está en ningún extremo: permanece en el medio. Buda ha llamado a esto el camino de en medio. Siempre permanece en el medio. 
Un hombre que no esté centrado se irá siempre al extremo. Cuando coma, comerá demasiado, comerá excesivamente, o puede que ayune, pero le resulta imposible comer correctamente. Ayunar es fácil, comer excesivamente no es difícil. 
Puede estar en el mundo, implicado, involucrado, o puede renunciar al mundo; pero nunca puede estar equilibrado. 
Nunca puede permanecer en el medio, porque si no estás centrado no sabes lo que significa el medio. 
Una persona que está centrada siempre está en el medio en todo, nunca en ningún extremo. 
Buda dice que su manera de comer es correcta; no es ni comer excesivamente ni ayunar. Su actividad es actividad correcta: nunca demasiada, nunca demasiado poca. 
Sea lo que sea, siempre es equilibrado. 
 Lo primero. Una persona autorrealizada estará centrada. 
 Lo segundo: estará equilibrada. 
Tercero: si suceden estas dos cosas -centramiento, equilibrio-, seguirán muchas otras. 
Siempre estará en calma. 
Al margen de cuál sea la situación, no se perderá la calma. 
Digo que no importa cuál sea la situación: incondicionalmente, la calma no se perderá, porque quien está en el centro siempre está en calma. Incluso si llega la muerte, está en calma. 
Recibirá a la muerte como se recibe a cualquier otro huésped. 
Si llega el infortunio, lo recibirá. Suceda lo que suceda, no podrá sacarlo de su centro. Esa calma es también producto de estar centrado. Para un hombre semejante, nada es trivial, nada es grande; todo se vuelve sagrado, bello, divino: ¡todo! Independientemente de lo que esté haciendo, sea lo que sea, será de interés supremo, como si fuera de interés supremo. 
Nada es trivial. No dirá: «Esto es trivial, esto es grande.» 
En realidad, nada es grande, ni tampoco nada es pequeño y trivial. El contacto del hombre es significativo. 
Una persona autorrealizada, una persona equilibrada, centrada, lo cambia todo. El mero contacto lo vuelve grande. 
Si observas a un buda, verás que camina y ama caminar. 
Si vas a Bodhgaya, al paraje en que Buda alcanzó la iluminación, a la orilla del Niranjana -al lugar en el que estaba sentado bajo el árbol bodhi-, verás que han marcado el sitio de sus pisadas. 
Solía meditar durante una hora, luego paseaba un poco. 
En terminología budista esto se llama chakraman. 
Se sentaba bajo el árbol bodhi, luego paseaba. 
Pero paseaba con una actitud serena, como en meditación. Alguien le preguntó a Buda: «¿Por qué haces esto? A veces te sientas con los ojos cerrados y meditas, luego caminas.» 
Buda dijo: «Sentarse para estar en silencio es fácil, así que paseo. Pero llevo el mismo silencio por dentro. 
Me siento, pero por dentro soy el mismo: silencioso. 
Camino, pero por dentro soy el mismo: silencioso.» 
La cualidad interna es la misma… Cuando se encuentra con un emperador y cuando se encuentra con un mendigo, un buda es el mismo, tiene la misma cualidad interna. 
Cuando está con un mendigo no es diferente, cuando está con un emperador no es diferente; es el mismo. 
El mendigo no es un don nadie y el emperador no es un alguien. Y, en verdad, al estar con un buda, emperadores se han sentido como mendigos y mendigos se han sentido como emperadores. 
El contacto, el hombre, la cualidad permanece la misma. 
Cuando Buda estaba vivo, todos los días por la mañana decía a sus discípulos: «Si tenéis que preguntar algo, preguntad.
» La mañana del día en que se estaba muriendo, fue igual. 
Llamó a sus discípulos y dijo: 
«Si queréis preguntar algo ahora, podéis preguntar. 
Y recordad que ésta es la última mañana. 
Antes de que acabe este día, yo ya no estaré.» Era el mismo. 
Ésa fue su pregunta diaria por la mañana. ¡Era el mismo! El día era el último; pero él era el mismo. Igual que cualquier otro día, dijo: «Muy bien, si tenéis algo que preguntar, podéis preguntar; pero éste es el último día.» No hubo ningún cambio de tono, pero sus discípulos empezaron a llorar. Se olvidaron de preguntar. Buda dijo: «¿Por qué estáis llorando? Si hubieseis llorado cualquier otro día, habría estado bien, pero éste es el último día. Para el atardecer, ya no estaré, así que no perdáis el tiempo llorando. Otro día habría estado bien; podríais haber  perdido el tiempo. No perdáis el tiempo llorando. ¿Por qué estáis llorando? Preguntad, si tenéis algo que preguntar.» Era el mismo en la vida y en la muerte. Así que, en tercer lugar, el hombre autorrealizado está en calma. 
La vida y la muerte son lo mismo; la dicha y el infortunio son lo mismo. Nada lo perturba, nada lo saca de su hogar, de su centro. A un hombre semejante no le puedes añadir nada. 
No puedes quitarle nada, no puedes añadirle nada: está satisfecho, realizado. Cada una de sus respiraciones es una respiración satisfecha, silenciosa, dichosa. Ha llegado. 
Ha alcanzado la existencia, el ser; ha florecido como hombre total. Éste no es un florecimiento parcial. Buda no es un gran poeta. Por supuesto, cualquier cosa que dice es poesía. 
No es un poeta en absoluto, pero incluso cuando se mueve, cuando camina, es poesía. No es un pintor, pero cuando habla, cualquier cosa que dice se convierte en una pintura. 
No es un músico, pero su ser entero es música por excelencia. 
El hombre como totalidad ha llegado. 
De modo que ahora, cualquier cosa que esté haciendo o no haciendo…, cuando está sentado en silencio, sin hacer nada, incluso en silencio su presencia opera, crea; se vuelve creativa. 
Al tantra no le interesa ningún florecimiento parcial, le interesas tú como ser total. Así que hay tres cosas básicas: debes estar centrado, enraizado, y equilibrado; es decir, siempre en el medio: por supuesto, sin ningún esfuerzo. 
Si hay esfuerzo no estás equilibrado. 
Y debes estar a gusto, a gusto en el universo, en casa en la existencia, y entonces seguirán muchas cosas. 
Ésta es una necesidad básica, porque a menos que esta necesidad se satisfaga, eres un hombre tan sólo de nombre. 
Eres un hombre como posibilidad, no eres realmente un hombre. Puedes serlo, tienes la potencialidad, pero la potencialidad tiene que hacerse realidad. 

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