El Libro de los Secretos (Osho) CAPITULO-5 SEGUNDO ESCRITO

CAPITULO-5 SEGUNDO ESCRITO 

(Cinco Técnicas de Atención )

7 Una técnica para ser consciente en sueños. 

Séptima técnica de respiración: Con la respiración intangible en el centro de la frente, cuando llegue al corazón en el momento de dormirte, ten control sobre tus sueños y sobre la muerte misma. Estás entrando en capas más y más profundas. Con la respiración intangible en el centro de la frente… Si ya conoces el tercer ojo, conoces la respiración intangible, el prana invisible en el centro de la frente, y entonces conoces el desbordamiento: la energía, la luz, se desborda. 

Cuando llegue al corazón… Cuando ese desbordamiento llegue al corazón… en el momento de dormirte, ten control sobre tus sueños y sobre la muerte misma. 

Toma esta técnica en tres partes. Primero, debes ser capaz de sentir el prana en la respiración: la parte intangible de ésta, su parte invisible, su parte inmaterial. 

Esto sucede si pones tu atención entre las dos cejas; entonces llega con facilidad. Si estás atento a la pausa, entonces también llega, pero con un poco menos de facilidad. 

Si eres consciente del centro que hay en tu ombligo, donde la respiración llega, toca y sale, también sucede, pero con menos facilidad. La manera más fácil para conocer la parte invisible de la respiración es estar centrado en el tercer ojo. 

Pero no importa dónde estés centrado; sucede, empiezas a sentir el prana que entra en ti. Si puedes sentir el prana que entra en ti, puedes saber cuándo vas a morir. 

Seis meses antes del día de tu muerte, empiezas a saberlo si puedes sentir la parte invisible de la respiración. ¿Por qué tantos santos anuncian el día de su muerte? Es fácil, porque si puedes ver el contenido de la respiración, el prana que entra en ti, en el momento en que el proceso se invierte, puedes sentirlo. Antes de que mueras, seis meses antes de que mueras, el proceso se invierte: el prana comienza a salir de ti. 

Entonces la respiración no lo lleva hacia dentro. 

Más bien, por el contrario, la respiración lo lleva hacia fuera; la misma respiración. Tú no puedes advertirlo porque no conoces la parte invisible; sólo conoces la parte visible, sólo conoces el vehículo. El vehículo será el mismo. Ahora, la respiración está trayendo el prana dentro, y dejándolo ahí; entonces el vehículo sale vacío. Luego se llena de nuevo de prana y entra. 

De modo que la inspiración y la espiración no son lo mismo, recuerda. La inspiración y la espiración son la misma en cuanto vehículos, pero la inspiración está llena de prana y la espiración está vacía. Has ingerido el prana, y la respiración se ha vaciado. Sucede lo contrario cuando te acercas a la muerte. 

La inspiración llega sin prana, vacía, porque tu cuerpo no puede absorber el prana del cosmos. 

Vas a morir; no es necesario. El proceso entero se ha invertido. Y cuando la respiración sale, saca tu prana. Quien haya sido capaz de ver lo invisible, puede saber el día de su muerte inmediatamente. Seis meses antes, el proceso se invierte. 

Este sutra es muy, muy significativo: 

Con la respiración intangible en el centro de la frente, cuando llegue al corazón en el momento de dormirte, ten control sobre tus sueños y sobre la muerte misma. 

Has de practicar esta técnica mientras estés durmiéndote; sólo entonces, en ningún otro momento. 

Mientras te estés durmiendo, sólo entonces; ése es el momento adecuado para practicar esta técnica. Te estás durmiendo. 

Poco a poco, poco a poco, el sueño está apoderándose de ti. 

En unos momentos, tu consciencia se disolverá; no serás consciente. Antes de que llegue ese momento, sé consciente: consciente de la respiración y su parte invisible, el prana, y siente que llega al corazón. Sigue sintiendo que llega al corazón. El prana entra al cuerpo por el corazón. Sigue sintiendo que el prana entra en el corazón, y deja que llegue el sueño mientras estés sintiéndolo continuamente. 

Sigues sintiendo, y dejas que llegue el sueño y te inunde. 

Si sucede esto -que estás sintiendo la respiración invisible entrando en el corazón, y el sueño se apodera de ti -, estarás consciente en sueños. Sabrás que estás soñando. 

Normalmente no sabemos que estamos soñando.

Mientras sueñas, piensas que ésa es la realidad. 

Eso sucede también a causa del tercer ojo. ¿Has visto dormir a otra persona? Sus ojos se mueven hacia arriba y se centran en el tercer ojo. 

Si no lo has visto, obsérvalo. Tu hijo está durmiendo… Ábrele los ojos y observa dónde están sus ojos. 

Sus pupilas han ido hacia arriba y están enfocadas en el tercer ojo. Digo que mires a los niños; no mires a los adultos: ellos no son dignos de crédito porque su sueño no es profundo. 

Estarán simplemente pensando que están dormidos. 

Mira a los niños; sus ojos van hacia arriba. 

Se enfocan en el tercer ojo. 

Debido a este enfoque en el tercer ojo, crees que tus sueños son reales, y no puedes advertir que son sueños; son reales. 

Lo sabrás cuando te levantes por la mañana. Entonces sabrás que «estaba soñando». Pero de eso te das cuenta después, en retrospectiva. No te puedes dar cuenta durante el sueño de que estás soñando. 

Si te das cuenta, entonces hay dos capas: el sueño sigue, pero tú estás despierto, eres consciente. 

Para alguien que se vuelve consciente en sueños, este sutra es maravilloso. Dice: Ten control sobre tus sueños y sobre la muerte misma. Si puedes ser consciente de los sueños, puedes hacer dos cosas. 

Una: puedes crear sueños. Normalmente, no puedes crear sueños. ¡Qué impotente es el hombre! Ni siquiera puedes crear sueños. Si quieres soñar algo en particular, no puedes soñarlo; no está en tus manos. ¡Qué incapaz es el hombre! Ni siquiera puede crear sueños. Eres tan sólo una víctima de los sueños, no el creador. 

Un sueño te sucede; no puedes hacer nada. 

Ni lo puedes parar, ni lo puedes crear. 

Pero si te duermes recordando el corazón lleno de prana, siendo tocado continuamente por el prana con cada respiración, llegarás a dominar tus sueños; y ése es un dominio excepcional. 

Entonces puedes soñar cualquier sueño que quieras. 

Tan sólo advierte, mientras te estés durmiendo, que «quiero soñar este sueño», y ese sueño llegará a ti. 

Simplemente di, mientras estés durmiéndote: «No quiero soñar ese sueño», y ese sueño no podrá entrar en tu mente. 

Pero ¿para qué sirve dominar tus sueños? ¿No es inútil? No, no es inútil. Una vez que domines tus sueños, nunca soñarás: es absurdo. 

Cuando dominas tus sueños, dejas de soñar; ya no es necesario. Y cuando dejas de soñar, estás dormido con una cualidad totalmente diferente, y esa cualidad es la misma que la de la muerte. La muerte es un dormir profundo. Si tu dormir se ha vuelto tan profundo como la muerte, eso significa que no habrá más sueños. Soñar crea superficialidad en el dormir. 

Te quedas en la superficie debido a los sueños; debido a que te cuelgas de los sueños, te quedas en la superficie. 

Cuando no estás soñando, caes en el mar, alcanzas su profundidad. La muerte es lo mismo. 

Por eso la gente en India siempre ha dicho que dormir es una muerte de poca duración, y que la muerte es un largo dormir: cualitativamente son lo mismo. Dormir es una muerte día-a-día. La muerte es un fenómeno vidaa-vida, un dormir vida-a-vida. Todos los días estás cansado. 

Te quedas dormido y recobras tu vitalidad, tu vivacidad por la mañana; has renacido. 

Después de una vida de setenta u ochenta años estás completamente cansado. 

Entonces una muerte de tan breve duración no será suficiente; necesitas una gran muerte. Después de esa gran muerte o gran dormir, vuelves a nacer con un cuerpo totalmente nuevo. 

Una vez que puedas conocer el dormir sin sueños y puedas ser consciente de ello, no tendrás miedo a la muerte.

Nadie ha muerto nunca, nadie puede morir: ésa es la única imposibilidad. Hace sólo un día te estaba diciendo que la muerte es la única certeza, y ahora te digo que la muerte es imposible. Nadie ha muerto jamás y nadie puede morir -ésa es la única imposibilidad-, porque el universo es vida. 

Vuelves a nacer una y otra vez, pero el dormir es tan profundo que te olvidas de tu vieja identidad. 

Tu mente queda completamente limpia de recuerdos. Considéralo de esta manera. 

Hoy vas a dormir: es como si hubiera algún mecanismo -y pronto lo tendremos- como el que borra en una grabadora magnetofónica, que puede limpiar totalmente una cinta para que lo que estuviera grabado en ella ya no lo esté. 

Lo mismo es posible con la memoria, porque en realidad la memoria es simplemente una grabación profunda. 

Tarde o temprano dispondremos de un mecanismo que se pueda poner en la cabeza y que limpiará tu mente completamente. 

Por la mañana ya no serás la misma persona, porque no podrás recordar quién era el que se durmió. Entonces tu dormir se asemejará a la muerte. Habrá una discontinuidad; no podrás recordar quién se durmió. Esto está sucediendo naturalmente. Cuando te mueres y vuelves a nacer, no puedes recordar quién murió. Empiezas de nuevo. 

Con esta técnica, primero dominarás tus sueños; es decir, dejarás de soñar. O si quieres soñar, serás capaz de soñar, pero los sueños serán voluntarios. 

No serán involuntarios, no te serán impuestos; no serás una víctima. Entonces la cualidad de tu dormir se volverá igual que la de la muerte. Entonces sabrás que la muerte es dormir. 

Es por eso que este sutra dice: Ten control sobre tus sueños y sobre la muerte misma. Sabrás que la muerte es sólo un dormir prolongado; y útil y bello, porque te da nueva vida; te lo da todo de nuevo. La muerte desaparece… Con la desaparición de los sueños, la muerte desaparece. Hay otro significado de lograr poder sobre la muerte, control sobre la muerte. Si puedes llegar a advertir que la muerte es sólo un dormir, serás capaz de controlarla. Si puedes controlar tus sueños, también puedes controlar tu muerte. Puedes elegir si vas a nacer otra vez, de quién, cuándo, de qué forma; tendrás control también sobre tu nacimiento. Buda murió… 

No me refiero a su última vida, sino a su penúltima vida, antes de convertirse en Buda. Antes de morir dijo: «Naceré de tales y cuales padres; así será mi madre, así será mi padre. 

Pero mi madre morirá inmediatamente… Cuando yo nazca mi madre morirá inmediatamente. 

Antes de que nazca, mi madre tendrá ciertos sueños.» 

No sólo adquieres poder de tus sueños; también adquieres poder de los sueños de otros. Así que Buda, por poner un ejemplo, dijo: «Habrá ciertos sueños. 

Cuando esté en el útero, mi madre tendrá ciertos sueños. 

De modo que cuando alguna mujer tenga estos sueños en esta secuencia, sabed que voy a nacer de ella.» Y sucedió. 

La madre de Buda soñó la misma secuencia de sueños. 

La secuencia era conocida por toda India, porque la de Buda no era una declaración corriente. 

Todo el mundo la conocía, sobre todo los que estaban interesados en religión y en las cosas más profundas de la vida y en las vías esotéricas de la vida. 

Se conocía, de modo que los sueños fueron interpretados. 

Freud no fue el primer interpretador; ni, por supuesto, el más profundo. Sólo en Occidente fue el primero. 

De modo que el padre de Buda se dirigió inmediatamente a los interpretadores de sueños, los Freuds y Jungs de aquellos días, y les preguntó: «¿Qué significa esta secuencia? Tengo miedo. Estos sueños son extraños, y se siguen repitiendo en la misma secuencia. 

Hay uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis sueños que se repiten continuamente. Son los mismos sueños, como si uno estuviera viendo la misma película una y otra vez. ¿Qué está pasando?» Así que le dijeron: «Vas a ser el padre de una gran alma: alguien que va a ser un buda. 

Pero entonces tu esposa va a estar en peligro; cuando nazca este buda es difícil que la madre sobreviva.» El padre preguntó: «¿Por qué?» 

Los interpretadores dijeron: «No sabemos por qué, pero esta alma que va a nacer hizo una declaración: que cuando fuera a nacer de nuevo, la madre moriría inmediatamente.» Posteriormente, le preguntaron a Buda: «¿Por qué murió tu madre inmediatamente?» Él dijo: «Dar a luz a un buda es un acontecimiento tan grande que todo lo demás se vuelve vano después. Así es que la madre no puede existir. 

Tendrá que nacer otra vez para empezar de nuevo. 

Dar a luz a un buda es un clímax tal, un punto culminante tal, que la madre no puede existir después de él». De modo que la madre murió. Y Buda había dicho en su vida anterior que nacería mientras su madre estuviera de pie bajo una palmera; y sucedió. La madre estaba de pie bajo una palmera: de pie mientras Buda nacía. Y él había dicho: «Naceré mientras mi madre esté de pie bajo una palmera, y daré siete pasos. Inmediatamente, andaré. Éstas son las señales que os doy», dijo, «para que sepáis que ha nacido un buda.» 

Y lo cumplió todo. Y esto no es así sólo con Buda. 

Lo es con Jesús, lo es con Mahavira, lo es con muchos otros. Todos los tirthankaras jainas han predicho en su vida anterior cómo iban a nacer. Y han dado secuencias de sueños específicas – que tales y cuales serán los símbolos- y han dicho cómo sucederá. Puedes dirigirlo. 

Una vez que puedas dirigir tus sueños, puedes dirigirlo todo, porque el sueño es la sustancia misma de este mundo. 

Esta vida está hecha con la sustancia de los sueños. 

Una vez que puedes dirigir tus sueños, puedes dirigirlo todo. Este sutra dice: sobre la muerte misma. Entonces uno puede darse a sí mismo un cierto nacimiento, una cierta vida. 

Somos simplemente víctimas. No sabemos por qué nacemos, por qué morimos. ¿Quién nos dirige?, y ¿por qué? No parece haber ninguna razón. Todo parece un caos, simplemente accidental. Es porque no somos maestros. Una vez que somos maestros, no es así. 

8 Observa el punto de cambio con devoción. 

Octava técnica de respiración: Con suprema devoción, céntrate en los dos puntos de enlace de la respiración y conoce al que conoce. Hay una pequeña diferencia en las técnicas, ligeras modificaciones. Pero aunque las diferencias son pequeñas en las técnicas, puede que para ti sean grandes. 

Una sola palabra crea una gran diferencia. 

Con suprema devoción, céntrate en los dos puntos de enlace de la respiración. La inspiración tiene un punto de enlace en el que gira; la espiración tiene otro punto de enlace en el que gira. Con estos dos giros -y ya hemos hablado de estos giros- se crea una pequeña diferencia: es decir, pequeña en la técnica, pero para el buscador puede que sea grande. 

Sólo se añade una condición: Con suprema devoción; y toda la técnica se vuelve diferente. 

En su primera forma no se mencionaba en absoluto la devoción; era simplemente una técnica científica. 

La practicas y funciona. Pero hay personas que no pueden practicar técnicas tan secas, tan científicas. 

Los que son tendentes al corazón, los que pertenecen al mundo de la devoción, para ellos se ha creado una pequeña diferencia: Con suprema devoción, céntrate en los dos puntos de enlace de la respiración y conoce al que conoce. 

Si no tienes una disposición científica, una actitud científica, si no tienes una mente científica, entonces prueba esto: 

Con suprema devoción -con fe, amor, confianza- céntrate en los dos puntos de enlace de la respiración y conoce al que conoce. ¿Cómo hacerla? ¿Cómo? Puedes sentir devoción por alguien: por Krishna, por Jesús puedes sentir devoción. Pero ¿cómo sentir devoción por ti mismo, por este punto de enlace de la respiración? El fenómeno no parece devocional en absoluto. Pero eso depende… 

El tantra dice que el cuerpo es el templo. 

Tu cuerpo es el templo de lo divino, la morada de lo divino, así que no trates a tu cuerpo como un objeto. Es sagrado, es divino. Y cuando estás inspirando, no eres sólo tú quien está haciendo la respiración; es lo divino dentro de ti. Estás comiendo, estás moviéndote o andando… Considéralo de esta manera: no eres tú, sino lo divino que se mueve en ti. Entonces todo el asunto se vuelve absolutamente devocional. 

Se dice que muchos santos aman su cuerpo. 

Tratan su cuerpo como si perteneciera a su amada. 

Puedes tratar tu cuerpo de esta manera o puedes tratarlo como un mecanismo: ésa también es una actitud. Puedes tratarlo con culpabilidad, pecado; puedes tratarlo como algo sucio; puedes tratarlo como algo milagroso, como un milagro; puedes tratarlo como la morada de lo divino. Depende de ti. 

Si puedes tratar tu cuerpo como un templo, entonces esta técnica será útil: 

Con suprema devoción… Pruébala. 

Cuando estés comiendo, pruébala. 

No pienses que tú estás comiendo. Piensa que es lo divino en ti quien está comiendo, y observa el cambio. 

Estás comiendo lo mismo, eres el mismo, pero inmediatamente todo se vuelve diferente. Estás dando la comida a lo divino. Estás bañándote -algo muy corriente, trivial-, pero cambia de actitud: siente que estás bañando a lo divino en ti. 

Entonces esta técnica será fácil: Con suprema devoción, céntrate en los dos puntos de enlace de la respiración y conoce al que conoce. 

Al Túmbate como un muerto. 

b Mira sin mover una pestaña. 

c Chupa algo y vuélvete la chupadura. 

Novena técnica: Túmbate como un muerto. 

Cuando estés furioso, permanece así. 

O mira fijamente sin mover una pestaña. 

O chupa algo y conviertéte en la chupadura. 

Túmbate como un muerto. Pruébalo: de pronto, te has muerto. ¡Deja el cuerpo! No lo muevas, porque estás muerto. Simplemente imagina que estás muerto. 

No puedes mover el cuerpo, no puedes mover los ojos, no puedes llorar, no puedes gritar, no puedes hacer nada, estás muerto. Y entonces siente qué se siente. 

Pero no hagas trampa. 

Puedes hacer trampa, puedes mover un poco el cuerpo. 

No te muevas. Si llega algún mosquito, trata el cuerpo como si estuviera muerto. Es una de las técnicas más empleadas. Ramana Maharshi alcanzó la iluminación mediante esta técnica, pero no era una técnica que él usó en su vida. 

En su vida, sucedió de repente, espontáneamente. 

Pero él debió de haber perseverado en ella en alguna vida pasada, porque nada sucede espontáneamente. 

Todo tiene una conexión causal, una causalidad. 

De repente, una noche Ramana -era joven, tenía catorce o quince años entonces- sintió que se iba a morir. 

Y estaba muy arraigado en su mente que la muerte se había apoderado de él. 

No podía mover el cuerpo, se sintió como si estuviera paralizado. Entonces sintió un ahogo repentino, y supo que ahora se le iba a parar el corazón. 

Ni siquiera podía gritar y decirle a alguien: «Voy a morir.» 

A veces sucede en alguna pesadilla: no puedes gritar, no puedes moverte. Incluso cuando te despiertas, durante unos pocos momentos no puedes hacer nada. Eso es lo que sucedió. 

Tenía poder absoluto sobre su consciencia, pero no tenía ningún poder sobre su cuerpo. 

Sabía que estaba allí, que estaba presente, consciente, alerta, pero sintió que iba a morirse. Y el conocimiento se volvió tan certero que no había ninguna otra posibilidad, así que desistió. Cerró los ojos y permaneció allí, esperando a morirse; esperó a morirse. Poco a poco, el cuerpo se fue quedando rígido. 

El cuerpo murió, pero entonces se convirtió en un problema. Sabía que el cuerpo había muerto, pero él seguía allí y lo sabía. Sabía que él estaba vivo y que el cuerpo había muerto. Entonces volvió. 

Por la mañana, el cuerpo estaba bien, pero el hombre que había vuelto ya no era el mismo: porque había conocido la muerte. Había conocido una esfera diferente, una dimensión diferente de consciencia. Se escapó de su casa. 

Esa experiencia de la muerte lo cambió completamente. 

Se convirtió en una de las pocas personas iluminadas de esta época. Ésta es la técnica. 

Esto le sucedió espontáneamente a Ramana, pero no te va a suceder espontáneamente a ti. Pero pruébala. 

En alguna vida se puede volver espontánea. 

Puede que suceda mientras la estés probando. 

Y si no va a suceder, el esfuerzo no habrá sido desperdiciado. Está en ti; permanece en ti como una semilla. 

En algún momento, cuando llegue la ocasión adecuada y caigan las lluvias, germinará. Toda espontaneidad es así. 

La semilla había sido sembrada hace ya tiempo, pero no era el momento adecuado; no había lluvia. 

En otra vida, llega el momento adecuado. Eres más maduro, tienes más experiencia, estás más frustrado con el mundo; entonces, de repente, en alguna situación, llegan las lluvias y la semilla explota. Túmbate como un muerto. 

O mira fijamente sin mover una pestaña. 

O chupa algo y conviértete en la chupadura. 

Por supuesto, cuando te estés muriendo, no será un momento feliz. No va a ser tan dichoso mientras estés sintiendo que estás muerto. El miedo se apoderará de ti, puede que llegue la ira a tu mente, o la frustración, la tristeza, la amargura, la angustia…, cualquier cosa. Será distinto para cada individuo. 

El sutra dice: Cuando estés furioso, permanece así. Si te sientes furioso, permanece así. Si te sientes triste, permanece así. 

Si te sientes ansioso, asustado, permanece así. 

Estás muerto y no puedes hacer nada, así que permanece así. Tengas lo que tengas en la mente, el cuerpo está muerto y no puedes hacer nada, así que permanece. 

Ese permanecer es bello. 

Si puedes permanecer durante unos pocos minutos, de pronto sentirás que todo ha cambiado. 

Pero empezamos a movernos. 

Si hay alguna emoción en la mente, el cuerpo empieza a moverse. 

Por eso lo llamamos «emoción»: crea moción, movimiento en el cuerpo. 

Si estás enfadado, de pronto tu cuerpo se empieza a mover. 

Si estás triste, tu cuerpo empieza a moverse. 

Por eso se llama emoción, porque crea moción en el cuerpo. Siéntete muerto y no permitas que las emociones muevan tu cuerpo. Deja que estén ahí, pero permanece así: inmóvil, muerto. Haya lo que haya…, ningún movimiento. ¡Permanece! Ningún movimiento. 

O mira fijamente sin mover una pestaña. Este o mira fijamente sin mover una pestaña era el método de Meher Baba. 

Durante años seguidos, estuvo mirando el techo de su habitación. Durante años seguidos, estuvo tumbado como muerto en el suelo, mirando el techo sin mover una pestaña, sin mover los ojos. 

Se tumbaba durante horas seguidas, simplemente mirando, sin hacer nada. Mirar con los ojos es bueno, porque te centras de nuevo en el tercer ojo. Y una vez que estás centrado en el tercer ojo, incluso si quieres mover los párpados, no puedes; se quedan fijos. Meher Baba llegó por medio de mirar, y tú dices: «¿Cómo con estos pequeños ejercicios…?»Pero durante tres años él estuvo mirando el techo, sin hacer nada. 

Tres años es mucho tiempo. Hazlo durante tres minutos y te parecerá que has estado tumbado ahí durante tres años. 

Los tres minutos se harán muy, muy largos. 

Parecerá que el tiempo no está pasando y que el reloj se ha parado. Meher Baba miró y miró y miró. Poco a poco, los pensamientos cesaron, el movimiento cesó, y se volvió pura consciencia, se convirtió en el mirar. 

Entonces permaneció en silencio durante toda su vida. 

Se volvió tan silencioso en su interior con este mirar que se le hizo imposible volver a formular palabras. 

Meher Baba estaba en América. 

Había un hombre que podía leer los pensamientos de los demás, que podía leer las mentes, y que era uno de los adivinadores de pensamiento más excepcionales. 

Cerraba los ojos, se sentaba delante de ti, y en unos pocos minutos se armonizaba contigo y empezaba a escribir lo que estabas pensando. 

Lo examinaron miles y miles de veces, y siempre tenía razón, siempre estaba en lo cierto. Así que alguien lo trajo ante Meher Baba. Se sentó allí, y éste fue el único fracaso de toda su vida; el único fracaso. Lo intentó una y otra vez, y empezó a sudar, pero no pudo percibir ni una sola palabra. 

Con la pluma en la mano, permaneció allí y dijo: «¿Qué tipo de hombre es éste? No puedo leer porque no hay nada que leer. Este hombre está absolutamente vacío. Incluso me olvido de que hay alguien sentado aquí. Cuando cierro los ojos, tengo que abrirlos de nuevo y mirar a ver si ese hombre sigue aquí o se ha escapado. Así que me resulta difícil concentrarme, porque en el momento en que cierro los ojos, siento que me están engañando: es como si ese hombre se hubiera escapado y no hubiese nadie delante de mí. 

Tengo que abrir los ojos de nuevo, y veo que este hombre está aquí. Y no está pensando en absoluto.» 

Ese mirar, ese mirar constantemente había parado su mente completamente. 

O mira fijamente sin mover una pestaña. 

O chupa algo y conviértete en la chupadura. Éstas son pequeñas modificaciones. 

Cualquier cosa servirá… Estás muerto: es suficiente. 

Cuando estés furioso, permanece así. Incluso esta parte se puede convertir en una técnica. 

Estás enfadado: túmbate, permanece enfadado. 

No salgas de ello, no hagas nada, simplemente permanece inmóvil. Krishnamurti sigue hablando de esto. 

Toda su técnica depende de esta única cosa: Cuando estés furioso, permanece así. Si estás enfadado, estate enfadado, y permanece enfadado. 

No te muevas. Si puedes permanecer así, la ira se irá y tú saldrás de ello completamente diferente. 

Si estás ansioso, no hagas nada. Permanece ahí, quédate ahí. 

La ansiedad se irá; tú saldrás de ello completamente diferente. Y una vez que hayas mirado la ansiedad sin ser movido por ella, serás el maestro. 

O mira fijamente sin mover una pestaña. 

O chupa algo y conviértete en la chupadura. 

Esto último es físico y fácil de hacer, porque chupar es lo primero que tiene que hacer un niño. 

Chupar es el primer acto de la vida. 

Cuando nace un niño, empieza a llorar. 

Puede que no hayas intentado comprender por qué hay este llanto. En realidad, no está llorando -nos parece que está llorando-, sino simplemente- chupando aire. 

Y si el niño no puede llorar, en unos pocos minutos estará muerto, porque llorar es el primer esfuerzo para sorber aire. 

El niño no respiraba mientras estaba en el útero. 

Estaba vivo sin respirar. Estaba haciendo lo mismo que los yoguis hacen bajo tierra. 

Estaba obteniendo prana sin respirar, puro prana -de la madre. Por eso el amor entre el niño y la madre es una cosa enteramente diferente a otros amores, porque el prana -energía- más puro los une a ambos. 

Esto no puede volver a suceder. 

Había una sutil relación pránica. 

La madre le daba su prana al niño, y el niño no respiraba en absoluto. Cuando nace, es arrojado fuera de la madre a un mundo desconocido. 

Ahora el prana, la energía, no le llegará tan fácilmente. 

Tiene que respirar por sí mismo. 

El primer llanto es un esfuerzo por chupar, y luego chupará la leche del pecho de la madre. 

Éstos son los primeros actos básicos que has hecho. 

Lo que tú has hecho viene después: éstos son los primeros actos de la vida. También se pueden practicar. 

Este sutra dice: O chupa algo y conviértete en la chupadura. Chupa algo: chupa simplemente el aire, pero olvídate del aire y conviértete en la chupadura. ¿Qué significa esto? 

Estás chupando algo; eres el chupador, no la chupadura. 

Estás detrás, chupando. 

Este sutra dice: no te quedes detrás; entra en el acto y conviértete en la chupadura. Prueba cualquier cosa que funcione. 

Estás corriendo: conviértete en el correr, no seas el corredor. Conviértete en el correr y olvídate del corredor. 

Siente que no hay ningún corredor dentro, simplemente el proceso de correr. Eres el proceso, un proceso como un río que corre. No hay nadie dentro. Todo está en silencio por dentro, y sólo hay un proceso. Chupar está bien, pero te parecerá muy difícil, porque lo hemos olvidado completamente… En realidad, no completamente, porque seguimos sustituyéndolo. El pecho de la madre es sustituido por un cigarrillo; sigues chupándolo. No es más que el pezón, el pecho de la madre y el pezón. 

Y cuando entra el humo cálido, es algo así como leche cálida. De modo que a los que no se les permite chupar el pecho de la madre todo lo que quieren, luego fumarán. 

Es un sustituto, pero el sustituto servirá. Mientras estés fumando un cigarrillo, conviértete en la chupada. 

Olvida el cigarrillo, olvida al fumador; conviértete en el fumar. No hay ningún objeto que estés chupando, hay el sujeto que está chupando, y el proceso en medio de chupar. 

Conviértete en la chupadura, conviértete en el proceso. Pruébalo. 

Tendrás que probarlo con muchas cosas; entonces descubrirás lo que es adecuado para ti. Estás bebiendo agua; entra el agua fría: conviértete en el beber. No bebas el agua. 

Olvídate del agua, olvídate de ti mismo y de tu sed; simplemente conviértete en el beber: el proceso mismo. Conviértete en la frescura, el tacto, la entrada, y la chupadura que hay que darle al proceso. ¿Por qué no? ¿Qué sucederá? 

Si te conviertes en la chupadura, ¿qué sucederá? Si puedes convertirte en la chupadura, inmediatamente te volverás inocente, como un niño recién nacido, porque ése es el primer proceso. De alguna forma, tendrás una regresión. 

Pero hay anhelo. 

El ser mismo del hombre anhela chupar. 

Prueba muchas cosas, pero nada le sirve, porque no comprende. A no ser que te conviertas en la chupadura, nada servirá. Así que pruébalo. Le di este método a un hombre. 

Él había intentado muchas cosas; había probado muchísimos métodos. Entonces vino a mí, y le pregunté: «Si te doy sólo una cosa a elegir en todo el mundo, ¿qué elegirás?» 

Y le dije inmediatamente que cerrase los ojos y me lo dijera, y que no pensara en ello. Se asustó, se sintió indeciso, así que le dije: «No tengas miedo, no dudes. Sé sincero y dímelo». 

El dijo: «Es absurdo, pero lo que aparece ante mí es un pecho.» Y entonces empezó a sentirse culpable, así que le dije: «No te sientas culpable. No hay nada de malo en un pecho; es una de las cosas más bellas, así que ¿por qué sentirse culpable?» 

Pero él dijo: «Esto siempre ha sido una obsesión para mi.» 

Y me dijo: «Por favor, primero dime, y luego puedes proseguir con tu método y la técnica: primero dime por qué estoy tan interesado en los pechos de las mujeres. Siempre que miro a una mujer, lo primero que veo es el pecho. El cuerpo entero es secundario.» Y esto no es así sólo para él; es así con todo el mundo; con casi todo el mundo. Y es natural, porque el pecho de la madre fue nuestro primer conocimiento del universo. 

Es básico. El primer contacto con el universo fue el pecho de la madre. Por eso los pechos son tan atractivos. Son bellos; atraen, tienen una fuerza magnética. Esa fuerza magnética viene de tu inconsciente. Eso fue lo primero con lo que entraste en contacto, y el contacto fue encantador, una bella sensación. 

Te da alimento, vitalidad instantánea, amor, todo. El contacto era suave, receptivo, acogedor. Ha permanecido así en la mente del hombre. Así que le dije a ese hombre: «Ahora te daré el método.» Y éste fue el método que le di: chupar algo y convertirse en la chupadura. Le dije: «Simplemente cierra los ojos. Imagina los pechos de tu madre o los pechos de cualquier mujer que te guste. Imagina, y empieza a chupar como si hubiera un pecho real. Empieza a chupar.» Empezó a chupar. En tres días, estaba chupando tan rápidamente, 93 tan locamente, que se quedó tan cautivado por ello… Me dijo: «Se ha vuelto un problema: quiero chupar todo el día. Y es tan bello, y se crea un silencio tan profundo con ello.» En tres meses, chupar se volvió un gesto muy, muy silencioso. 

Los labios se pararon; ni siquiera te hubieras dado cuenta de que estaba haciendo algo. Pero había comenzado el chupar interno. Estaba chupando todo el día. Se convirtió en un mantra, unjapa: la repetición de un mantra. Después de tres meses, vino a mí y me dijo: «Me está sucediendo algo extraño. Algo dulce está cayendo de mi cabeza a mi lengua continuamente. 

Y es tan dulce y me llena de tanta energía que no necesito comida, no me queda nada de hambre. Comer se ha convertido en una formalidad. Tomo algo para no crear problemas en la familia. Pero algo está llegando a mí continuamente. 

Es tan dulce, da tanta vida…» Le dije que continuara. 

Tres meses más, y un día llegó como loco, bailando, y me dijo: «El chupar ha desaparecido, pero soy otro hombre. Ya no soy el mismo que vino a ti. Se ha abierto alguna puerta dentro de mí. Algo se ha roto y no me queda ningún deseo. 

Ya no quiero nada: ni siquiera a Dios, ni siquiera moksha, la liberación. No quiero nada. Ahora todo está bien tal como es. Lo acepto y soy dichoso.» Prueba esto. Simplemente chupa algo y conviértete en la chupadura. Puede ser útil para muchos, porque es muy básico. Esto es todo por hoy. 

Osho.

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